EL SUEÑO DEL MAESTRO

Francisco Martínez Escritor Almería

Digamos que el maestro se llama Amin Maalouf y es un libanés exiliado en Francia desde hace más de treinta años que con sus novelas -la mayoría de género histórico- intenta explicar y explicarse las tragedias de su país. Digamos también que es un hombre real y que ha inaugurado recientemente la Feria del Libro de Madrid. León el africano o La roca de Tanios son sus títulos más conocidos: dos obras prodigiosas en las que se pueden leer sendas tramas de amor, aventuras o viajes a la vez que las claves colonizadoras que han convertido el Mediterráneo en una madeja de hilos manchados de púrpura y sangre desde hace quinientos años.

¿Qué nos une a los occidentales y a los “levantinos”, como Maalouf llama a los pueblos del rincón oriental?

Bonita pregunta… pero ahora no voy a contestarla. No tengo suficiente información en mi mesa.
Una novela de Maalouf, mucho menos conocida pero, en mi opinión, igual de esclarecedora es Los jardines de Luz. Trata sobre la vida de Mani, un predicador escindido de una de aquellas primeras comunidades cristianas de Persia, que se propuso conformar una nueva religión que recogiera el legado anterior del Zoroastrismo, conjuntado con aquella nueva Fe en Cristo; y cuyas enseñanzas dieron lugar a lo que la Iglesia condenó años más tarde como la herejía del Maniqueísmo. Maalouf traza un retrato -¡otro más en su bibliografía!- de un hombre tolerante, unificador y enemigo de las creencias que separan a los hombres y mujeres con tabiques de odio y códigos. Justo lo que más echamos en falta ahora…:

Sobre todo, el tirio no cesaba de dar vueltas en la cabeza a los acontecimientos de la víspera: una curiosa iglesia había visto la luz en su propia casa, nacida del vasallaje antinatural de un padre ante su hijo. ¿Qué papel le hacían representar a él, Malco de Tiro, dedicado a comerciante, sectario arrepentido que había huido de Iglesias y de Comunidades?
En sus relaciones con su amigo, había un malentendido cuya amplitud y consecuencias no había valorado hasta entonces. Uno y otro habían abandonado con alivio el palmeral de los Túnicas Blancas, pero sus motivaciones eran muy diferentes. Él había sabido siempre con certeza lo que quería de la vida: la fortuna, la mujer amada, la vivienda confortable a la espera de construirse un palacio… ¿Y Mani? ¿Con qué soñaba al abandonar la secta? ¿Con una nueva religión? Seguramente había en él ese deseo de predicar, y ahora hacia frecuentes alusiones a una voz celeste… Pero entonces, cómo explicar que, la misma noche de la llegada de Pattig, Malco hubiera oído de su boca esta frase desconcertante: “¡A veces me pregunto si no será el señor de las Tinieblas el que inspira las religiones, con el único fin de desfigurar la imagen de Dios!”.
¿Eran estas las palabras de un hombre de religión?

MAALOUF, Amin. 1991. Los jardines de Luz. Alianza Editorial (Pg. 98. Edi. de 2001)

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